El Joker no existe... Somos nosotros. Crítica de 'Joker: Folie à Deux' (2024)
Uno sale de la sala sin saber muy bien si acaba de ver una obra maestra o la mayor troleada de la historia del cine. Los comentarios del resto de espectadores que van levantándose de sus butacas y que han presenciado la película contigo en la misma sala tampoco ayudan…
«Venía preparado para que fuese
mala, pero no para que fuese tan mala», decía uno. «Ni Deadpool, ni Lobezno, ni
nada… La mejor película del año del género de superhéroes sin duda», decía irónicamente
otro, entre risas. Y puedo entenderlo, pues nada que hayas podido ver o leer previamente
te prepara para Joker: Folie à Deux (2024).
Empecemos confirmando lo obvio:
la película es un portento a nivel audiovisual. Todd Phillips hace un juego
constante de luces y sombras para crear imágenes coloridas y bellas cuando el
Joker y Harley aparecen en pantalla, y oscuras y siniestras cuando volvemos a
los pasillos de Arkham de la mano de Arthur Fleck. De sobras es sabido el
talento actoral de Joaquin Phoenix, que vuelve a entregarnos a un personaje con
múltiples caras, pero cabe destacar también la labor de Lady Gaga a nivel vocal
e interpretativo, pues le aguanta el tipo a Phoenix haciendo que el espectador
quede hipnotizado cuando ambos aparecen en pantalla.
La música ya era importante en la
primera entrega, pero aquí se convierte en el factor que acaba desarrollando la
historia. Es indudable que la película es un musical de principio a fin, siendo
más que notables la mayoría de los números que se suceden a lo largo del
metraje. Pese a eso, muchos son introducidos de forma forzada y acaban por
lastrar el ritmo del filme, sobre todo en la primera hora y cuarto de metraje, llegando
a poner al límite la paciencia de un espectador que por lo general no está tan acostumbrado
a dicho género.
Pero, vayamos al grano… ¿Dónde
reside realmente el factor polémico en Joker: Folie à Deux?
La primera película desarrollaba
la historia de un personaje con problemas de salud mental al que el sistema aparta
de su camino como si fuera escoria. Al final, como consecuencia de sus actos, el
protagonista es llevado en volandas por gran parte de una sociedad que acaba considerándolo
un héroe y, nosotros como espectadores, acabamos siendo testigos del ascenso de
Arthur Fleck hasta convertirse en el Joker.
Pues bien, en esta entrega vemos
todo lo contrario: el descenso cuesta abajo y sin frenos de un personaje que
fue vitoreado por una sociedad que, equivocadamente, lo usó como referente para
crear un movimiento social contra los ricos y los poderosos. Lo que el filme
acaba demostrando, es que el único que realmente ha existido en todo momento es
Arthur Fleck, un pobre desgraciado con ganas de visibilizarse y cuyas circunstancias
le empujaron a cometer actos terribles. El Joker siempre ha sido un producto de
nuestra imaginación.
Es así como Todd Phillips ha
completado con sus dos películas una de las mayores críticas sociales vistas en
cines en los últimos tiempos. Con esta secuela, el director podía haber tomado
el camino fácil y seguir explicando el imparable ascenso de Arthur hasta
convertirse en el payaso príncipe del crimen, la brillante y desquiciada mente
criminal que todos conocemos como el Joker. Sin embargo, ha decidido desmontar
el mito y reducir a su protagonista a la más absoluta nada, utilizando además
un paralelismo visual en el último plano del filme que nos hace entender que el
arco narrativo del personaje ha llegado definitivamente a su fin.
Phillips y Phoenix, pues al final
esto siempre ha sido una locura de dos, han arriesgado muchísimo con esta película,
pero a su vez han conseguido lo que querían: señalarnos y demostrarnos que
somos parte de esa sociedad que vitorea a un personaje un día, y lo defenestra
al día siguiente cuando éste no nos da lo que queremos.
Ves la magia de esta película cuando
te das cuenta de que la mayor parte del público elevó hasta la estratosfera en 2019
a Joker, mientras que en 2024 ha tirado al suelo y ha pisoteado a Joker:
Folie à Deux.
Damas y caballeros, en este escenario
que es el mundo, el Joker no existe… Somos nosotros.
Valoración: ★★★★

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