Regresando a MATRIX (Parte III): Dando paso a la espectacularidad

NOTA: Crítica escrita originalmente el 27 de abril de 2020.

Y con The Matrix Revolutions (2003) concluyo la que sería mi trilogía particular de críticas a esta genial saga que nos dejaron las hermanas Wachowski a principios del siglo XXI.

Con esta tercera entrega, las hermanas se propusieron poner punto y final a la historia de Neo y compañía, pero lo que pretendía ser un broche de oro a la saga acabó por convertirse en un regular cierre que nos dejó a prácticamente todos los fans un poco fríos.

He de reconocer que la primera vez que la vi no me gustó. La saga había sido víctima de su propio éxito y las expectativas eran tan altas que cuando llegó este final nos pilló a todos un poco a contrapié. La historia, que en un principio provocaba que el espectador se hiciera preguntas existenciales siendo testigo de largos diálogos filosóficos, dio paso a la espectacularidad visual (más aún si cabe), encontrándonos con un filme en el que un tercio de metraje es una larga batalla de los ciudadanos de Sion contra los centinelas. La batalla es espectacular y los efectos visuales son de 10, pero de una saga que nos acostumbró a sorprendernos por su trasfondo místico y sus giros de guion, quizá se esperaba algo más que el típico cierre con un clímax de batalla entre supuestos buenos y malos. Incluso la pelea final entre Neo y el agente Smith me parece menos espectacular que la de la primera película, pecando esta vez de grandilocuencia, abusando en exceso de los efectos de CGI en una lucha digna de un capítulo de la serie de Dragon Ball Z.

Pese a esto, aporta conceptos nuevos con la presentación del personaje del Ferroviario al comienzo del filme, y nos lleva por fin a la, hasta ahora inédita para nosotros, Ciudad de las Máquinas, dándonos a conocer aún más este universo y presentándonos a esa especie de Dios de las Máquinas con un gigantesco rostro de bebé. Descubrimos que los poderes de Neo se extienden más allá de Matrix, y la saga consigue dar un paso al frente en ese aspecto.

En definitiva, la trilogía llega a su fin con un desenlace que puede que no fuera el que esperábamos en un principio o el que la saga mereciera, dado el nivel que las hermanas Wachowski habían demostrado que podían alcanzar, pero a día de hoy, viéndolo con perspectiva y de una forma más objetiva, he de reconocer que The Matrix Revolutions es un más que digno filme de entretenimiento con grandes secuencias de acción y espectaculares efectos visuales, una épica banda sonora, y un cuidadísimo diseño de producción que mira con lupa hasta el último detalle para entregarnos un acabado lo más cercano posible a la perfección. Hay mimo y mucho amor detrás de esta saga, y esto se nota en su visionado y se agradece.

En líneas generales, la trilogía de Matrix aportó más al Séptimo Arte y al género de acción y ciencia ficción de lo que a día de hoy se le puede llegar a reconocer, dándonos una lección de que se pueden hacer grandes pero también inteligentes blockbusters, dejando a su paso míticos personajes y enormes secuencias que ya han pasado a ser historia del cine.

Mi crítica de las tres películas de la saga llega aquí a su fin, pero hemos sabido que lo que hasta hace nada parecía que era un punto y final, ha resultado ser finalmente un punto y aparte. El universo de Matrix regresará próximamente con The Matrix Resurrections (2021), y ahí estaré yo, el primero en la sala de cine, para poder disfrutarla y contaros que me ha parecido el regreso del, en un principio, programador y esclavo del sistema Thomas A. Anderson, que pasó a convertirse rápidamente en el icono que todos conocemos: el Salvador; el Mesías; el Elegido... NEO.

Valoración: ★★★



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