Me ha decepcionado. NO es una p*** mierda. Crítica a 'Torrente presidente'

Seamos francos (y no, no es un juego de palabras): uno no va a ver una de Torrente con la expectativa de encontrarse con una gran película extraída de una mente imaginativa que desarrolla un tipo de cine fresco, innovador, desgarrador y revolucionario, que te abre la mente y te hace ver el mundo y el Séptimo Arte de una forma nunca antes vista; uno va a ver una de Torrente para ver si es más o menos mala que la anterior y para echar el rato presenciando escenas burdas (tanto dentro como fuera de la pantalla, pero ya llegaremos ahí) y gags patéticos repletos de cameos que, con suerte, lograrán sacarte alguna sonrisa.

En mi caso, directamente nunca había ido al cine a ver una película de la saga, pero he de reconocer que, en esta ocasión, la propuesta de Santiago Segura me llamó la atención desde que vi una imagen filtrada de José Luis Torrente en un balcón dando un discurso a unos ciudadanos dispuestos a votar a su partido en las próximas elecciones: Nox.

Por si eso fuera poco, la gran estrategia de marketing de no lanzar imágenes oficiales, ni pósteres, ni avances, ni tráileres, no dar pases de prensa previos y ni siquiera anunciar el reparto de la película, hizo que mi curiosidad fuera aumentando para con el filme a sabiendas de que lo que tendría Segura entre manos acabaría dando mucho de qué hablar (y ya podemos ir viendo en redes sociales que así ha sido).

Me encontraba entonces a las puertas del cine presenciando un póster con el fondo negro y unas letras blancas que anunciaban Torrente presidente (Santiago Segura, 2026) junto al eslogan «Vuelve la vergüenza del cine español». Son las 15:45, hay una sesión a las 16:00 y tengo hasta las 18:20 para reunirme con mi novia y ver ¡La novia! (The Bride!, Maggie Gyllenhaal, 2026), valga la redundancia, la película que realmente tengo ganas de ver. Pero no puedo engañarme a mí mismo. Sé que si he venido antes es por algo y que tengo tiempo más que suficiente para ver, si quiero, las dos películas en una misma tarde. 

Cierro los ojos (¿por qué me da vergüenza?), cojo mi entrada y me adentro en una sala de cine repleta de fans que me aventuro a predecir que es la primera vez que pisan un cine en mucho tiempo.

Todos van en grupos grandes, ya sean adolescentes o mayores, algunos hablan fuerte y comen palomitas (las que no se desparraman por el suelo) haciendo tanto ruido con la boca como les es posible. «Joder, y es la primera sesión del viernes», pienso.

La película empieza y las primeras carcajadas resuenan al ritmo de chistes sobre pedos y eructos, y muchas bromas relacionadas, textualmente, con "negros", "moros", "maricones" y "gordas". Empezamos fuerte. Recuerdo entonces lo de mi vergüenza al entrar en la sala, pero hago introspección y entiendo que no me avergüenzo tanto de lo que sucede en el filme como de que exista gente en el mundo que se tome la actitud de José Luis Torrente de manera no irónica, mirándolo con ojos de comprensión y visualizándolo como un modelo a seguir frente a la actual situación social y política. Muchas risas de personas próximas a mi asiento vienen del «¡cuánta razón tiene!» y no del «triste, pero cierto», y es eso lo que me produce rechazo, no lo que veo en pantalla.

Por ello, tras esta reflexión, hago un ejercicio de abstracción y decido centrarme únicamente en la película para intentar que lo que ocurre a mi alrededor no influya en mi valoración. Y lo que veo es un interesante ejercicio satírico de reflejar a la sociedad española y a su clase política, en una película que dispara a la gente, a los medios de comunicación y al Congreso de los Diputados, demostrándonos de nuevo que la realidad supera a la ficción y que, por mucho que Santiago Segura intente hacer parodia y exagerar lo que ocurre en pantalla, la proximidad de la historia que se cuenta con la realidad que vivimos en nuestro día a día cada vez asusta más.

Porque vale, seamos sinceros, la película es mala, tiene una historia simple e irregular basada en una sucesión de gags humorísticos con autorreferencias a la saga para los más fans y cameos (algunos más acertados y convenientes que otros); y sí, Torrente da mucho asco, pero cuando lo pienso en frío, la cruda realidad es que el personaje no da tanto asco en comparación a lo que verdaderamente me da más asco: mucha de la gente del mundo que nos rodea.

La película acaba y me siento raro porque me ha gustado. Que sí, que es una chorrada sin pies ni cabeza, pero una chorrada que se atreve con un tipo de humor sin filtros que señala y se arriesga a recibir palos desde todos los sectores de la sociedad, teniendo la capacidad aún así de salir indemne y convertirse en un éxito comercial. 

Son las 18:00, salgo del cine y mi pareja está fuera esperándome para volver a entrar y ver ¡La novia!. Miro a mi alrededor y observo cómo ya hay gente aglomerada cogiendo sus entradas y personas haciendo cola para comprar bebida y palomitas. Sé lo que van a ver: Torrente presidente les espera.

«¿Y a ti, qué te ha parecido la de Torrente?», me pregunta ella. Resoplo. No sé qué me ha parecido. Creo que me ha decepcionado. No es una p*** mierda.

Reflexiono por última vez: «Definitivamente, tengo que escribir algo sobre esto...».

Valoración: ★★½



Comentarios

Entradas populares de este blog

Regresando a MATRIX (Parte IV): ¿Y si nos tomamos la pastilla azul?

Regresando a MATRIX (Parte III): Dando paso a la espectacularidad