La peor experiencia de mi vida en una sala de cine...
El titular no es clickbait. Realmente, la noche del miércoles 28 de julio de 2021 pasé la peor experiencia de mi vida en un cine. Eso sí... No fue precisamente por la película.
Era un miércoles (Día del Espectador) y mi ex pareja y yo fuimos a ver Expediente Warren: Obligado por el Demonio (2021) a un Cinesa del centro comercial SOM MULTIESPAI en Barcelona. Ya habíamos ido otras veces a dicho cine, y pese a que en alguna ocasión habíamos tenido algún que otro problema con ellos, hasta ese momento siempre se había resuelto satisfactoriamente. Pero lo de ese día ya fue el acabose...
Fuimos a la sesión de las 21:55 y, ya al empezar la película, la sala se comenzó a llenar de aproximadamente unos veinte canis de entre 15 y 20 años que no dejaban de gritar, reír y molestar. Unos cuantos se sentaron en las primeras filas, otros más atrás, y cinco chavales más justo delante nuestro. Obviamente todos iban sin mascarilla en plena época de Covid y constantemente se iban cambiando de un sitio para otro como si la sala de cine fuera su pequeño parque de atracciones. Película de terror y adolescentes en plena pubertad y con la edad del pavo no son buena combinación y, a los pocos minutos del inicio del filme, mi ex y yo ya estábamos deseando que no hubiera en ningún momento una secuencia de suspense silenciosa que obligara a alguno de esos energúmenos a decir frases "ingeniosas" y "originales" dignas de algunas de las mejores series españolas jamás realizadas hasta la fecha como La que se avecina (2007), por ejemplo. Se llegaron a escuchar grandes perlas de la literatura española como "AI MAI" o "QUÉ VIENE... QUÉ VIENE..." al tono del mismísimo Amador Rivas (Pablo Chiapella). La obra seguía in crescendo, alguna niña se sentaba encima de su novio obligada por el demonio de las hormonas, mientras otros se encendían a escondidas un cigarro y se lo iban rulando dentro de la sala obligados por el demonio de las adicciones, transformando poco a poco esa sala 14 en la fiesta Dirty de la sala Razzmatazz de Barcelona. El resto de espectadores permanecían callados e impasibles, obligados por el demonio de la intimidación y la vergüenza, mientras mi ex pareja sí les iba llamando la atención en repetidas ocasiones sin mucho éxito (llegando incluso a darles patadas en los asientos obligada por el demonio de la ira) y yo intentaba contenerme, intentando evitar que el demonio me obligara a liarme a hostias hasta con las butacas.
Lo peor fue que casi al acabar la película, cuando ya no podíamos soportar más ese bochornoso espectáculo, quisimos salir a informar de dichos incidentes o a reclamar nuestro dinero y no había nadie en el cine que pudiera ayudarnos, ni un mísero acomodador ni nadie de seguridad. En aquel momento, antes de la proyección se informaba a los espectadores de que un acomodador iría revisando el interior de las salas para comprobar si las medidas contra la Covid-19 estaban siendo respetadas. Me pregunto dónde estaría ese día porque la situación era digna hasta de llamar a los S.W.A.T. Por suerte, ya al día siguiente, informamos de dichos incidentes (aunque mínimo el personal de limpieza tuvo que darse cuenta esa misma noche de que algo paranormal había pasado en esa sala al verla hecha un asco), y el gerente del cine se excusó por su ausencia, nos pidió disculpas y nos regaló dos invitaciones a mi ex y a mí para que pudiéramos volver gratis cuando quisiéramos. Menos mal.
¿Sobre la película? Es que me resultó difícil incluso valorarla de forma justa ante semejante espectáculo de pirotecnia, pero por lo poco que pudimos apreciar nos resultó entretenida, intenta mantener el nivel de sus dos predecesoras aunque para mi gusto está por debajo de ambas (sobre todo de la gran primera parte), y la ausencia de la mano de James Wan se nota (sobre todo en los momentos de suspense y de tensión contenida). Poco más podría decir de un filme al que le daría unas 3 estrellas.
Esa fue sin ninguna duda la peor experiencia de terror que he vivido en un cine hasta la fecha... Una pena que la calidad de la película no tuviera nada que ver.

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