Regresando a MATRIX (Parte I): Obra maestra
NOTA: Crítica escrita originalmente el 26 de abril de 2020.
Me hallo durante la sexta semana de confinamiento en casa a causa de la propagación del Covid-19 en todo el país y, en consecuencia, tengo todo el tiempo del mundo para hacer una de las cosas que más me gusta hacer: ver cine.
Aparte de ver algunas películas que tenía pendientes, de vez en cuando también me gusta volver a visionar grandes sagas que por un motivo u otro me marcaron, como es el caso de la trilogía de Matrix. Aprovechando la ocasión, he hecho un maratón de las tres películas originales y las tengo tan recientes que me ha apetecido hacer mi propia trilogía de críticas de la saga para comentar cuáles son, en mi opinión, los aciertos y los no tan aciertos de esta genial saga dirigida por las hermanas Wachowski, empezando por la mítica The Matrix (1999).
Si tengo que hablar de la primera entrega de Matrix, tengo que hablar de perfección. Las hermanas Wachowski se presentaron con una gran idea, original, innovadora y con tintes filosóficos sobre un futuro post-apocalíptico donde los seres humanos hemos sido víctimas de nuestra propia creación y las máquinas se han hecho con el control del mundo. Matrix es un programa generado por ordenador que mantiene la mente del ser humano ocupada viviendo una ilusión mientras el cuerpo se encarga de alimentar a las máquinas gracias a la energía que les proporciona.
Esta propuesta a nivel narrativo ya resulta muy interesante pero, no conforme con eso, las hermanas Wachowski recogieron múltiples referencias del mundo del cómic y del anime japonés y presentaron a la productora una idea muy nítida de la estética y de cómo querían rodar y mostrar a nivel visual las escenas de acción del filme. En el programa Matrix, las leyes de la física y de la gravedad pueden ser doblegadas por aquellas mentes que han sido liberadas, algo que puede resultar muy atractivo para el público, visualmente hablando.
En definitiva, las Wachowski tenían toda la película construida en sus cabezas pero no disponían de los medios necesarios para llevar dicha idea a cabo. Warner Bros. no quería que un proyecto de tal magnitud fuera dirigido por unas manos inexpertas, y es por eso que las hermanas tuvieron que dirigir un primer largometraje para demostrar de lo que eran capaces si querían tomar las riendas de su criatura por completo. Dicha ópera prima fue Lazos ardientes (1996), y el filme consiguió su propósito: demostrar a los productores que las Wachowski podían dirigir una película de forma eficiente.
El resto es historia. Las hermanas se rodearon de un gran equipo y un reparto espectacular que se entregó al máximo al proyecto, pasando por un largo proceso de entrenamiento en artes marciales durante la fase de pre-producción de la cinta. Explotaron al máximo el ya conocidísimo (pero entonces casi desconocido) tiempo bala, siendo prácticamente pioneros del uso de esta técnica para rodar varias secuencias de acción que, junto a sus espectaculares coreografías, convirtieron a The Matrix en un referente del género de acción. Un villano carismático y a la altura de lo que requería el filme, unos efectos visuales que aún hoy, más de 20 años después, siguen resultando convincentes y muy creíbles, una banda sonora explosiva y enérgica, y una fotografía que nos deja imágenes que ya son historia del Séptimo Arte, fueron la guinda del pastel junto a un diseño de producción innovador y cyberpunk que hicieron que la película se convirtiera en una obra de culto casi de forma instantánea, atrayendo a una legión de fans que enseguida pidieron a gritos el regreso de Neo y compañía en futuras secuelas.
La película funciona a las mil maravillas, convirtiéndose en un entretenido y perfecto engranaje en el que no falta ni sobra nada y, en definitiva, es para mí una obra maestra que entra directa en mi TOP-5 de mejores películas de la historia.
Se sentaron las bases de la que sería una trilogía que no pasaría desapercibida.
Valoración: ★★★★★

Comentarios
Publicar un comentario