El alma del cine de superhéroes

No me gusta el cine de superhéroes.

¡Boom! Esa frase seguro que no te la esperabas, ¿verdad? La primera frase que escribo en este blog sobre el género superheroico (si es que se puede considerar un género como tal) es que no me gusta dicho género y me quedo más ancho que largo. Bueno, para ser honesto no sería exactamente esa la frase que expresaría mi actual vínculo emocional con los filmes basados en estos personajes sacados de las viñetas, pero con dicha frase seguro que ya he captado un poco más tu atención. Y precisamente ese es mi principal problema con este tipo de cine en el presente: ha perdido la capacidad de sorprenderme y de captar mi atención.

Sí que me gusta el cine de superhéroes, pero por encima de todo me gusta el buen cine. La enorme demanda del gran público que ha llenado las salas cada fin de semana que se ha ido estrenando una nueva película de su superhéroe o villano favorito, ha provocado que las productoras cinematográficas en muchas ocasiones se preocupasen más por la cantidad de productos (sí, productos) que pudieran sacar cada año, que por la calidad de sus proyectos. Últimamente uno va al cine a ver una película de Ant-Man, Thor, Shazam, Influencer Man, Black Adam o Blue Beetle (uno de ellos me lo acabo de inventar), y parece ver constantemente la misma película repetida una y otra vez ("la copia de una copia de otra copia...", como diría el bueno de Edward Norton en El club de la lucha). Una misma y predecible fórmula que consiste en combinar gags con grandes escenas de acción en las que el 80% de lo que vemos en pantalla ha sido creado mediante efectos digitales y en las que, en última instancia, se pretende alcanzar un tono de épica sin conseguirlo debido a que, a mí como espectador, entre chistes facilones y confusas batallas, me han perdido por completo a media película. No me importa quién es su protagonista ni lo que le pueda llegar a pasar, y lo peor es que, muchas veces, al estudio responsable del filme tampoco.

Echo en falta películas de superhéroes diferentes, que arriesguen, que lleven la firma de su director y no del estudio que hay detrás, películas que rompan los esquemas o por lo menos que lo intenten. Echo de menos filmes que tengan alma. Eso es, esa sería la palabra. Busco largometrajes con alma, que provoquen algo dentro de mi ser, que me fascinen, que me dejen con la boca abierta por la historia que me cuentan y no por el trabajo previo de CGI. Quiero más Donners, Burtons, Raimis, Singers, Nolans y Mangolds, y menos universos compartidos con más de un 50% de proyectos sin personalidad. Conseguir eso, en parte, está en nuestras manos. Por un lado, habría ayudado que la supuesta crítica “especializada” no se hubiera vuelto loca durante años tildando de obra maestra a toda nueva película de superhéroes que se estrenase y le pareciese mínimamente divertida (chupito por cada “¡La mejor película de Marvel hasta la fecha!” que hayas leído en sus reseñas). Y, por otro, si nosotros como espectadores o fanáticos del género nos empezamos a tomar estas películas un poco más en serio y entendemos que amar el cine de superhéroes no es sinónimo de ser conformista con el mismo, no tener criterio propio o no poder ser crítico con lo que vemos en pantalla.

Pero ¿y quién soy yo para juzgar lo que es una buena película de superhéroes y lo que no? Os preguntaréis. Pues quizá la respuesta a esa pregunta es la que puede hacer que conectéis con mi discurso, puesto que no soy nadie. Al igual que Peter Parker antes de ser picado por una araña radiactiva o Barry Allen antes de ser alcanzado por un rayo junto a una caja de sustancias químicas, soy alguien corriente. Alguien con sus miedos e inseguridades, sus metas y sus propósitos en la vida, sus defectos y sus virtudes. En definitiva, alguien como tú. Una persona que, sin ser cineasta o crítico de cine, ha leído cómics de superhéroes, visionado cientos de películas y tiene una cierta base para poder hablar de la materia con conocimiento de causa. Y es precisamente en el hecho de poder sentirte identificado con las vivencias o emociones de esos personajes ficticios donde considero que reside la magia y la conexión del lector o el espectador con las historias de superhéroes que antaño nos enamoraron.

Querido lector, busco desesperadamente volver a conectar con el género superheroico. Intento recordar qué es lo que me hizo amar a estos personajes y sentir de nuevo lo que provocó que algunas de estas películas se convirtieran en icónicas. ¿Me ayudas siendo un poco más crítico y menos conformista? ¿Me ayudas a recuperar el alma del cine de superhéroes?

Gracias por adelantado.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Me ha decepcionado. NO es una p*** mierda. Crítica a 'Torrente presidente'

Regresando a MATRIX (Parte IV): ¿Y si nos tomamos la pastilla azul?

Regresando a MATRIX (Parte III): Dando paso a la espectacularidad